Elric: La forja de un hechicero

El personaje de espada y brujería creado por el novelista Michael Moorcock ha conocido numerosas adaptaciones al cómic de sus diferentes sagas, de la mano del guionista Roy Thomas y el exquisito dibujante P. Craig Russell (y también de éste en solitario). Ahora, el propio Moorcock escribe el guión de una nueva saga, una "precuela" de las demás historias del personaje, en la que cuenta con un Walt Simonson en plena forma.
En La forja de un hechicero, Elric es aún joven. Su padre, el rey Sadric, monarca del Trono de Rubí, anciano, enfermo y hastiado, desconfía de que su único heredero, albino y enfermizo, sea capaz de regir los destinos de Melniboné, la más antigua de las naciones, cuando él falte. Elric debe enfrentarse a las "pruebas del sueño": entrando en una trance parecido a un sueño normal, el prícipe albino se encarna en avatares de antepasados suyos de distintas épocas y se enfrenta a diferentes pruebas y enemigos, para ganar sabiduría y hacerse con poderosos aliados mágicos. Pero también se enfrenta a su ambicioso y belicoso primo Yyrkoon, que trata de hacerse con el trono... y quien muere en el trance del sueño, muere también en la "vida real".
Moorcock crea una historia entretenida, dividida en cuatro capítulos, con cierta tendencia a la verbosidad en los textos de apoyo. Obviamente, esta "precuela" encaja a la perfección con el resto del ciclo de Elric, y quienes hayan leído otras adaptaciones de las novelas, o las mismas novelas, no tendrán problema en reconocer a personajes que aparecen en sagas como "Elric de Melniboné" o "La ciudad de los Sueños", como Cymoril, hermana de Yyrkoon y amor de Elric, Grome, Strasshaa o Arioch, el señor del Caos, quien entrega a Elric la célebre espada negra que será fuente de tantas desdichas en el futuro.
Por su parte, Walt Simonson pone lo mejor de sí mismo en la tarea. Ayudado por el efectivo color de Steve Oliff, y autor tanto del lápiz como de la tinta, el célebre autor que "resucitó" al Thor de Marvel en los ochenta crea página tras página llenas de fuerza, grafismos efectivos (y hace uso de sus célebres onomatopeyas, naturalmente, que han recibido tantos homenajes en otros cómics) y con una narrativa gráfica estupendamente resuelta. Simonson es uno de los pocos autores de su "quinta" que mantienen intacto su nivel de calidad, y no hay más que comparar trabajos de los 80 y de la actualidad de gente como Chaykin o Byrne para verlo. Simonson da al mundo y a los personajes de Moorcock un aire completamente distinto y personal, muy alejado de la exquisita estilización de P. Craig Russell, con un acabado muy "manual" y suelto, que el color de Steve Oliff complementa perfectamente.
En resumen: muy entretenida lectura, imprescindible para fans de Elric y su mundo, y para seguidores (como yo) de Simonson.
Mikel

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